Apuntes para nuestra historia regional

De la guerra de langostas y la Navidad de 1858

por Hugo M. Zingerling (*)

Introducción

De la Guerra de langostas y la Navidad de 1858 pretende que el lector se introduzca en el hecho histórico, que lo viva casi. Como si fuera un testigo privilegiado que puede sentir, angustiarse o alegrarse con lo que va sucediendo, abstrayéndose del presente para sentirse casi transportado en el tiempo. La pretensión del autor es sencilla y difícil a la vez, hacer que el lector sea casi uno más de los que vivieron la historia acaecida en el verano de 1858, cuando una gran manga de langostas llegó hasta la entonces colonia Esperanza en coincidencia casi con la Navidad. En torno de este hecho-eje gira la recreación histórica, que permite además ver aspectos de la vida cotidiana de los colonos, el como vivían, como era su entorno, que peligros los acechaban, como tomaban celebraciones, etc..

Son solo 8 páginas, pero para escribirlas el autor empleó mucho tiempo de investigación tratando, con los elementos colectados, mostrar los hechos lo mas fielmente posible. Para quien conoce el centro de la provincia de Santa Fe, si al leer estas páginas le es posible imaginar o recordar el olor de la paja del trigo recién cortado en pleno diciembre o siente el ensordecedor ruido de las chicharras en los calores del verano. Si además se siente un inmigrante que recorre los campos de labor de la vieja colonia Esperanza, mientras un leve viento sur un poco más fresco, le da un respiro cuando el calor lo sofoca, el objetivo del autor al escribir estas páginas se habrá cumplido.


De la guerra de langostas y la Navidad de 1858

 

Corre el año 1858. Es Diciembre. Apenas han transcurrido dos años de la instalación de la Colonia agrícola de Esperanza, en la provincia Santa Fe, Confederación Argentina.

Imaginemos una posible visita en ese tiempo, a ese lugar. Supongamos que podemos realizar una recorrida amplia por allí. ¿Qué encontraríamos, qué podríamos ver con nuestros ojos del siglo XXI?

La Colonia es primitiva aún, todavía se percibe que todo es reciente y precario. El fabuloso asentamiento agrícola que se pone a prueba en la provincia de Santa Fe, es un inmenso rectángulo de 9260 varas 1 de frente al Norte por 11590 varas de Norte a Sur. Se divide en dos secciones (la Este de habla francesa, la Oeste de habla alemana, después de haber tirado en suerte esta disposición), separadas en el medio por un "listón" de terreno de aproximadamente 4 cuadras de frente o ancho al Norte y al Sur, por 11590 varas de largo de Norte a Sur. Es la llamada "calle ancha", donde poco a poco van surgiendo las manzanas que formarán la parte urbana de la Colonia. Ahora apenas hay diez "casas", en realidad unos míseros ranchos en torno de la incipiente traza de la futura plaza. 2

Durante el año 1856, han arribado desde Suiza y Alemania en su mayoría, 200 familias para fundar y poblar la Colonia. Son cerca de 1200 personas entre adultos y niños, ya que cada familia o grupo debía tener 5 integrantes como mínimo.

Dentro de cada sección hay 105 parcelas de unas 600 varas por 750 varas, separadas entre sí por caminos de 20 varas de ancho, asignadas a cada una de las familias o cabezas de grupo que componían el contingente de los hace poco arribados colonos, después de haber sido también echadas a la suerte. Esta unidad parcelaria será conocida entre los colonos como "concesión".

La proximidad del verano en esta parte del hemisferio sur se hace sentir con todas sus fuerzas. En la Colonia, el calor parece azuzar a las chicharras, que ensordecen desde los montes cercanos del Norte. Es como un inmenso concierto que baja su música desde las costas y montes del Salado, encontrando también intérpretes, no ya en igual número pero si de la misma anodina partitura, desde algún aromo o algarrobo, que quedó sin desmontarse entre las concesiones.

Aún las calles o caminos rurales, no tienen la rectitud clásica que adquirirán en los años posteriores. Tampoco hay, casi, cercos que separen los límites de cada posesión. Algunos colonos zanjan sus confines para que no los invadan los animales ajenos, mientras esperan que crezcan tunas y zarzamora, que luego harán las veces de alambrada.

Los carros de los colonos, (pocos aún) en sus desplazamientos habituales cortan camino serpenteando los sembrados. A medida que vamos penetrando en el interior de la Colonia, van apareciendo las siluetas de los "ranchos" de los colonos, y casi como una constante, se ven a estos agrupados, formando lo que en el nuevo argot colonial ya se denomina como "barrio o barrios".

El significado de barrio para los habitantes de la novísima Colonia, no quiere decir otra cosa más que la construcción de cuatro ranchos, en la intersección de los vértices de cuatro concesiones contiguas separadas entre sí por la distancia de las futuras calles. Incluso Adolfo Gabarret, Juez de Paz de Esperanza y la máxima autoridad de ese entonces, utiliza el término en sus comunicaciones oficiales.

Mientras nos desplazamos por la Colonia, nos asombra ver solo pequeñas parcelas o fracciones con sembrados, del total de superficie que compone cada concesión. El cultivo no es total todavía por una razón simple. Durante los primeros cinco años de permanencia, la obligación contractual es cultivar solo ½ del total que les fue adjudicado a cada familia o grupo labrador. La otra mitad como les parezca. Algunos apenas si llegan a cumplir con lo pactado.

Si continuamos con la observación, resaltan los surcos imperfectos por la siembra a mano y el laboreo tosco, que supone hacerlo con arados de palo o de madera, ya que muy pocos tenían arados de hierro, aún. Nuestro asombro aumentará al ver que, al estar nuevamente en 1858 (despojados de años de deformaciones de la realidad histórica), nos enfrentamos conque no todo lo sembrado es trigo. Hay también plantíos ralos de maíz, un poco de plantas de porotos, algunos de papas y otros cultivos, que más tarde se dejaron de sembrar, pues la experiencia aconsejó que estas tierras no eran aptas para ellos, como son el caso del tabaco, el algodón y el maní que dieron como resultado un rotundo fracaso. Todavía mis antepasados, a dos años de empezada la Colonia estaban aprendiendo duramente con el clásico ensayo/error que el hombre debe usar cuando está solo frente a lo desconocido.

Siguiendo con nuestro imaginario desplazamiento a través de la Colonia, la recorrida nos mostraría que hay algunos colonos más desenvueltos que otros para los trabajos de labrador. Con la simple visión de los resultados de sus plantíos, estos nos muestran la lucha despareja, de los que aún no siendo agricultores (en sus países de origen) van tratando ahora de adaptarse a su nuevo oficio.

También hay otros que se irán pronto de la Colonia, pues no consiguen adaptación o sus oficios son muy dispares como para poder prosperar o tener éxito en este nuevo de agricultor o "laboureur".

Hay algunos buenos cultivos, como también otros, que presagian con solo mirarlos, un anticipado desastre. Mientras espera la madurez de sus sembrados, cada colono despliega otras actividades, como ser ir acondicionando sus ranchos, o tratando de hacer sus primeras casas, mejorando sus pozos de agua y otras tareas que van surgiendo como necesarias en ese ambiente rural, agreste y primitivo. Algunos marchan a los montes cercanos a hacer carbón o intentan alguna cacería que les provea de alimento fresco. Para estos años, todavía hay buena presencia de liebres y perdices en los alrededores. 3

El que además de colono, de labrador, es carpintero trabaja para sí o para quien requiera sus servicios. Lo mismo sucede con el que es herrero, albañil, zapatero o sabe algo de ello, así van transcurriendo los trabajos y los días, y cada uno es un Hesíodo que cada jornada escribe una dura página en la incipiente Colonia. Así, cada cual intenta hacer por sí mismo, con su familia o su grupo, lo que más pueda, y recién cuando agota esta posibilidad, llama a un vecino, algún pariente ó al del oficio específico requerido para que complete el trabajo.

Por ese entonces dirige los destinos de la Colonia Adolfo Gabarret. Él es el Juez de Paz y máxima autoridad. El Juez supervisa la evolución de la Colonia como representante del Gobierno Provincial y en ello pone todo sus esfuerzos. Recorre frecuentemente los campos, observa el trabajo de los colonos. Cuando alguno de ellos quiere dejar su sitio y rescindir el contrato de colonización, busca algún reemplazante que reúna mejores condiciones relativas para el trabajo, que el que intenta ausentarse, si antes no logró convencer al desmoralizado para que continúe.

A través de su correspondencia con el Gobierno Provincial, es posible comprobar el tino con que efectúa sus observaciones, que permiten reconocer en él una personalidad fuerte, rasgos de un organizador nato y con deseos sinceros de que el proyecto iniciado en esta Colonia tenga desarrollo y evolución. Sus informes casi diarios y pormenorizados al Gobierno Provincial, son ricos en detalles y vivencias de los días que transcurren en Esperanza.

El día 16 de diciembre de 1858 la calma de Gabarret se ve inquietada. Un acontecimiento inesperado, se ha presentado en las cercanías de la comarca, hecho del cual ha sido "anoticiado" de inmediato por algunos colonos. Rápidamente, su mente analiza los efectos que puede causar en "su" Colonia el peligro que ha sido descubierto. Sabe que debe obrar entonces con espíritu de dirigente, de organizador, como corresponde al que está, por su preparación, visión y función un poco más adelante que sus protegidos.

¿Que le han comunicado, que ha visto Gabarret, para alterarse de tal manera? Sucedió que en sus habituales recorridas por la Colonia ha sido informado que: "...han salido inesperadamente del monte densas mangas de langostas enderezando hacia la parte Este de la Colonia..." . 4

Decide obrar con rapidez, para salvar los cultivos, que aunque no son los esperados (por la escasa experiencia de los colonos) si son devastados será el acabose para muchos. Entonces sí quizás la decepción y la ruina que esta manga puede ocasionar, terminará por despoblar la Colonia. Sin perder más tiempo, se lanza con su caballo al galope y comienza a recorrer las concesiones buscando gente para preparar una defensa eficaz contra las langostas.

Con los hombres apalabrados para que trabajen de voluntarios, entre los días 17 y 18 de diciembre, cavaron zanjas y abrieron surcos para protección y para destruir las langostas que cayeran allí. Las jornadas son intensas, de mucho trabajo y el sudor que ocasiona el calor de Diciembre en los hombres, cae en gruesas gotas, y es absorbido por la tierra que estos remueven, dejando hoyuelos más oscuros, en el ya oscuro humus de la pampa, que en cada nueva palada se ve conquistada.

Los que ya están trabajando, aunque lo hagan como cíclopes, son solo hombres y su labor no alcanza. Gabarret se da cuenta que debe conseguir el concurso de un contingente más numeroso, más activo. Además de necesitar que se trabaje con método, con sistematización.

Después de cada jornada, animales y hombres vuelven sucios y cansados, y solo esperan el agua fresca que sacan de lo más profundo de sus pozos mientras el sol, hacia el oeste es apenas es un reflejo tenue, en el horizonte plano de la llanura santafesina.

Gabarret piensa que se debe lograr una acción en unidad. Organiza tres secciones para combatir los acridios y dota a cada sección de combate, de un jefe y un ayudante.

La sección que resguarda el Norte, (y como este punto aún no se halla expuesto) se dirige un poco más al Norte del Fortín Iriondo 5 .y de los ranchos de los soldados, donde principian los montes que se extienden por la costa del Salado.
Allí baten el monte y hacen quemazones de campo para matar a las langostas asentadas en una gran manga. Las otras secciones, mientras tanto se dedican a formar y guarnecer las líneas de defensa, cavando profundas zanjas.

La magnitud de esta manga de langostas es tal que ocupa una extensión de legua y media. Por ahora están al Norte de la Colonia, gracias a la providencia aún fuera de ella.

En medio de estas tensiones informa permanentemente al Gobierno Provincial de la evolución del problema. Gabarret dice que con los trabajos que dispuso se pudo evitar que la langosta llegase al centro de la colonia. Pero aunque ha logrado esto, su preocupación es por cuánto tiempo más podrán sostener este resultado. Así con estas dificultades en puerta, sigue corriendo Diciembre. Los días pasan y el peligro no desaparece. Además ve que sus órdenes no son bien interpretadas, o son peor ejecutadas y muchos son los individuos que ponen poca voluntad o comienzan a flaquear.

Así pasan varios días en que su trabajo lo afecta desde las 5 de la mañana hasta las 8 de la noche. Recorre las distintas propiedades, alentando aún más a los emprendedores y trata de vencer la indiferencia de otros, y sumarlos al trabajo de defensa. Sus relatos de los trabajos y esfuerzos que realizó en esos días, muestran disparidades en el plantel de colonos, en como reaccionaron unos y otros frente a la amenaza de la langosta. Habitualmente se cree que todos los colonos eran laboriosos y ordenados. Esto no es tan categórico. Quizás después, en años posteriores a 1858, y con la depuración dada en el plantel por las deserciones, quedaron los más laboriosos y emprendedores, en mayoría.

Pero en 1858, todo era muy difícil, y muchos colonos necesitaban del estímulo, de la guía y órdenes de alguien que los condujera. En este caso fue Gabarret el conductor, el incentivador.

Se puede inferir, por las actitudes asumidas por cada colono, aún frente a peligros mayores (como en este episodio de las langostas) un acentuado individualismo. En algunos casos por ignorancia, y en otros por poca disposición a la solidaridad colectiva. Gabarret no entiende como los colonos, cuando crecía el peligro menos se preocupaban por defenderse.

Habían pasado casi 10 días desde el 16 de Diciembre en que apareció el peligro de la manga de langostas, y esta aún no se había retirado. Además el desgano cunde, ya que los que al principio colaboraban, ahora no quieren seguir, pues otros vecinos donde el peligro está más cercano a sus propios cultivos, no se mueven y permanecen impávidos esperando que las autoridades los ayuden. Conforme crece el peligro disminuye el número de trabajadores voluntarios. Se da el caso extremo de un colono que, amenazado por la manga de langostas, rechazó la ayuda y desobedeció las ordenes dadas por el Juez, tendientes a proteger el interés común.

Entonces impone multas y sanciones, para que la gente se ayude entre sí, pero los comisarios coloniales y él no podían distraer el tiempo persiguiendo infractores.

Gabarret se ve en la necesidad de solicitar al Jefe de Policía de Santa Fe, que le envíe una fuerza de 15 ó 20 hombres para poder luchar con eficacia contra los estragos de la langosta. También para hacer cumplir sus disposiciones. Sabe que la superación más o menos exitosa de este fenómeno es una cuestión de vida o muerte para la Colonia.

Si la langosta arrasa la mayoría de los precarios cultivos, entonces la disolución y desbande de los colonos estará en ciernes. Además solicita al Gobierno, caballos frescos para él y sus ayudantes, ya que andan con la caballada cansada por tanto diario trajín. Satisfecho este pedido, Gabarret y su gente obran con mejores resultados.

El 26 de diciembre escribe un informe al Ministerio de Gobierno de la Provincia, contando lo ocurrido al día anterior. Es decir el día de Navidad de 1858. He aquí una oportunidad para saber como fue la Navidad en Esperanza, hace ya tanto tiempo y ver que hicieron ese día sus habitantes.

El informe dice que Gabarret, sus comisarios, los colonos voluntarios y los hombres enviados por el Jefe de Policía de Santa Fe, comenzaron ese caluroso día cortando pastos. Echaron mano de una máquina de segar para cortar paja y hacer grandes quemazones. Veinte carros hacían el acarreo de pasto y paja al sector NE de la Colonia, lugar ese que estaba siendo invadido por la langosta.

De veinte carros, diecinueve pertenecían a la Sección Oeste, y solo uno a la del Este, siendo esta última la zona invadida.

Mucho enojó a los del Oeste esta situación "...y viendo esto, que si los de la otra sección (los del Este) mas interesados en oponer una barrera eficaz a la plaga, no habían acudido sino unos pocos por ser un día de Solemnidad ú otros pretextos y que de su decisión hasta era un objeto de censura o escarnio, se han retirado como a las doce, de manera que por falta de gente que la persiguiera, ha conseguido penetrar en dichas concesiones una punta de langostas..." 6

Pero para el Juez de Paz lo que contaba era salvar la Colonia, por eso opinó al día siguiente:

"Así es que la indolencia de algunos paraliza la acción de los demás y que mis esfuerzos no han de alcanzar un éxito completo como infaliblemente habría sucedido si todos los individuos citados hubiesen prestado concurso activo..." 7

Así pasó el día de Navidad de 1858, en Esperanza. Los del Oeste, 8 .preferían combatir el peligro aún en un día especial festivo. Los del Este consideraron importante no realizar tareas en el día de Navidad pese a la amenaza de la langosta.

La lógica indicaba trabajar juntos a los del Este y Oeste ante una situación extrema, (como atenuante ante esta reacción "ilógica" podríamos considerar la situación especial en que se hallaban), y luego sí, al caer la tarde, tanto los de habla alemana o francesa, católicos como protestantes unidos recordar la Navidad. No podemos censurar ninguna conducta. Pasaron ya 146 años de estos acontecimientos y era muy distinto el imaginario colectivo sobre esta celebración de aquellos colonos al imaginario actual, de como hoy se siente y se recuerda la Navidad. En un ambiente precario y rural, donde aún no habían construido las distintas comunidades sus templos respectivos, y se oía misa sólo cuando pasaba por allí algún sacerdote, 9 . lo que más podían hacer era recordar este día solemne en familia. (Véase: http://webs.uolsinectis.com.ar/svdarg/histsvd3.htm (Los primeros misioneros del Verbo Divino destinados a la Argentina )).
Seguramente en cada mesa no hubo nada especial a lo frugal y escaso que se comía todos los días. En lo espiritual, los más devotos habrán recordado este día con mayor respeto, mientras que, para otros habrá sido casi un día más lleno de dificultades como los anteriores y como los que seguramente seguirían, sólo que este era el día en que, en todo el mundo se recordaba la Navidad trayéndole recuerdos y nostalgias de la patria lejana. Muchas oraciones se habrán dicho tanto en francés como en alemán, casi a escondidas por esos rudos hombres, pidiendo como milagro navideño que se vaya pronto la plaga que los amenazaba.

En cuanto a las langostas, felizmente, - pese a los inconvenientes apuntados por Gabarret - en los días siguientes se pudo terminar con este flagelo, desconocido actualmente por nuestros agricultores, pero que causó grandes daños en nuestro país, hasta la mitad del siglo XX.

El 7 de enero de 1859, Gabarret informaba al gobierno que podía darse por concluido el episodio de la "guerra de las langostas", en los campos de labor de la Colonia Esperanza.

Así se superó un hecho, un suceso de los muchos que componen nuestra historia, que se van escalonando hasta llegar al hoy, consecuencia de ese pasado, en donde desde la Navidad de 2001, estamos recordando una Navidad, la de 1858, que les tocó vivir a mis antepasados.

 

Bibliografía:

Otras Fuentes:

Archivo General de la Provincia de Santa Fe (A.G.P.S.F.)

 

(*) Datos del Autor

Nacido en Esperanza, provincia de Santa Fe, el 01/11/1957. Profesor en Historia. Egresado de la Facultad de Formación Docente en Ciencias de la U.N.L. (Universidad Nacional del Litoral) en 1987. Su temática de investigación se focaliza en Inmigración y Colonización, especialmente en lo referente a Esperanza y sus colonias. Ha participado en distintos congresos, charlas y foros de discusión sobre esta temática. Participó con presentación de trabajos en las ediciones anteriores del Congreso de Historia de los Pueblos de Santa Fe.

Entre otros artículos y publicaciones se destacan:

_________________________________
Diseño Web: Hugo Mario Zingerling
hugozingerling@educ.ar
© Derechos Reservados
Esta página se ve correctamente con MS Explorer 4.0 o Superior Resolución 800x600 Color de Alta densidad (16 bits) Esta página se ve con algunas dificultades en Netscape Navigator, pero lo estamos corrigiendo en este mismo instante, perdone por la molestia causada. © 2002 Hugo Zingerling